En París, basta con mirar hacia arriba para quedar cautivado por la belleza de los monumentos de la ciudad, rebosantes de historia y de relatos por contar. ¿El centro de París? Está en todas partes. París no ofrece espacios insignificantes, ni rincones impersonales y desiertos. Durante siglos, la ciudad ha parecido indiferente, con tranquila firmeza, a esa forma globalizada, voraz y vertiginosa de canibalismo llamada “desarrollo urbano”. De hecho, incluso si conocieras a la perfección sus 6.500 calles, París seguiría siendo siempre la capital del deambular. Para perderse en París no hace falta pretexto alguno; basta con adoptar esta ciudad que desde hace mucho tiempo se ha considerado ideal para el flâneur.